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8 may. 2009

Mi rincón preferido





Mirueña
Mi curiosidad y mi gran afición a la pesca de ciprínidos, me llevaron el miércoles pasado al embalse de Mirueña. Era todo un espectáculo ver en directo la freza de las carpas por todo lo largo y ancho de las orillas del embalse. Los barbos, como una horda de convidados que no quisieran perderse el banquete, les seguían a todas partes y allí donde divisaban el jolgorio y bullicio de la desenfrenada fiesta nupcial que se estaba celebrando. Nunca había visto en Mirueña tal cantidad de peces. Los barbos, que parecen escasear durante el resto de la temporada y que únicamente se muestran tímidos durante las abundantes eclosiones de hormigas en el otoño, estaban por todas partes, dándose un buen festín con las huevas que las carpas depositaban en la vegetación cercana a la orilla.
Con tanta fiesta y algarabía, era de suponer que no atenderían a mis esperanzas de pescar, y tampoco quería importunarles y entrometerme en su afanada orgía. Por lo que me dediqué a buscar peces solitarios que merodeasen un poco más alejados de las orillas y que navegasen próximos a la superficie. Éstos sí que podían atender a la invitación de mis moscas, y así fue. En este caso, escarabajos, hormigas y algún que otro engendro con similitud de grillo o saltamontes que encandiló algún que otro Bass.
Ha sido una experiencia digna de ver y que os animo a que ahora que están en pleno celo, no os lo perdáis y valláis (si podéis) a verlo. Veréis también la cantidad y el tamaño de los peces que se podrán conseguir llegado el momento.




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