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2/12/2008

Fábula de Navidad


Con mis mejores deseos de esperanza, paz y felicidad para todas las personas que son generosas y respetan la naturaleza con humanidad.
Feliz Navidad.


La llamada de la vida.Recuerdo… cómo en otras ocasiones había visto ya caer en la superficie esta especie de… no sé cómo llamarlo, pero que cuando la toca, se desvanece, desaparece de mi vista. Es como si al estar en el aire llena de vida, evolucionando agitada por el viento de acá para allá, perdiera toda su energía transfiriéndosela al agua en el mismo momento de entrar en contacto con ella, desapareciendo para siempre, tan fría y tan blanca…
Hoy siento con más fuerza este hormigueo que dentro de mí se deja sentir cada día más impulsivo. Me corroe por dentro. Me siento inquieta y siento la necesidad de moverme. Creo que voy a marcharme de éste lugar.
Vuelvo a mirar de reojo aquel objeto metálico que yace en el fondo de la poza. Ahora… no le tengo ningún miedo, pero aquel día… Voy a acercarme otra vez a la orilla seca. Allí, debajo de las largas ramas de los árboles me siento mucho más tranquila. Aquí he pasado muchas horas descansando y alimentándome.
Cerca de la superficie puedo ver muy bien todo lo que pasa, incluso fuera del agua y en la otra orilla seca. Además, en este lugar, nunca me molestaron los ruidosos objetos metálicos, ni los seres que muchas veces he visto, sobre todo, en la orilla seca y, que parecen asociados los unos
 con los otros, pues siempre que aparece uno, está el otro.
En este momento, hay un sinfín de cositas transfiriendo su energía al agua. Nunca en otras ocasiones había visto tantos. Siento como si la superficie se estuviese congelando.Cada vez estoy más nerviosa. ¡¡Quiero irme de aquí!! ¡¡Tengo que ir hacia delante!! Necesito encontrar a alguien como yo. Siento la necesidad de compañía. Me siento solitaría y vacía, perdida. Ayer, vi cómo una de mis congéneres pasaba cerca de mí. Estuve a punto de seguirla, pero no lo hice.
Vuelvo a la poza. En el centro del río me siento más segura y a lo mejor este sentimiento que tan fuerte me invade, se me pasa. No tengo ganas de comer, aunque llevo así varios días, ¿estaré poniéndome enferma? Sin embargo, siento mucha fuerza dentro de mí. De nuevo me acerco a aquel objeto metálico que hay en el fondo. Es como un trofeo que conservo. Desde aquel día que cayó allí parece no pasar el tiempo por él, sigue conservándose como en el primer instante. Recuerdo la primera vez que lo vi: yo estaba junto a mi hermana, en una zona de mucha visibilidad y poca profundidad, habíamos estado alimentándonos de muchos insectos en la superficie, pero ahora estábamos tranquilas antes de que cayera la noche y volver a la orilla seca junto a las ramas para descansar. Oímos un golpe en el agua cerca de nosotras, las vibraciones se nos acercaban cada vez más. Vimos aquel objeto viniendo en nuestra dirección pasando a nuestra altura y a gran velocidad. Nos produjo cierta excitación y salimos trás él. Yo, nadaba más rápida que mi hermana y lo tenía muy cerca de mi boca, pero no decidí atacarle. Sentía una sensación extraña dentro de mí. Mi hermana me pasó como una exhalación y vi cómo delante de mí mordía aquel objeto que en este mismo momento dejó de emitir vibraciones. Después, vi cómo mi hermana se retorcía del dolor que este objeto le producía en la boca. No dejaba de agitarse y nadar alocadamente en todas direcciones, pero siempre que cedía se acercaba inexorablemente hacia la orilla seca. La acompañé durante el tiempo que tarde en descubrir aquel ser. Vi cómo se acercaba a mi hermana. Algo parecido a una maraña de hierbas la rodeó y la elevó sacándola fuera del agua. Me quedé atónita un momento. Después emprendí una carrera loca hasta esta poza y aquí permanecí sin moverme durante muchas horas. Esta… fue la última vez que vi a mi hermana.
Aún sigo teniendo ganas de irme, cada vez estoy más incómodo.Ya no veo cositas blancas revoloteando por encima del agua. Vuelvo a mirar este objeto que yace en el fondo y recuerdo mi propia historia, vivida sin compañía; Después de éste, he visto muchos de ellos pasar cerca de mí, pero ya no les hago ningún caso, aunque… procuro apartarme de su camino si vienen en mi dirección. Hace algún tiempo que no los he visto, ni a los seres que caminan por la orilla seca.
Cuando vi éste por primera vez, recordé lo acaecido con mi hermana y me aparté eludiéndolo y huyendo de su lado. Aquel objeto insistía en pasar siempre cerca de mi cuerpo y decidí expulsarlo de mis dominios, ya que en mi intranquilidad estaba poniéndome nerviosa. Pase a su lado en paralelo, por delante y por detrás, e incluso llegué a darle algunos golpes con la cabeza. Fue el último golpe cuando esta cosa se agarro a mi lomo con tanta fuerza… clavándome sus garras sintiendo un intenso dolor. Yo me agitaba bruscamente en todas direcciones tratando de que se soltase de mi costado. Todo parecía inútil y este objeto tiraba con más fuerza hacia la orilla seca. Una de las veces que pasé cerca, descubrí uno de los seres que caminan por ella y, fue tal el temor que me invadió, que tuve fuerzas para nadar todo lo más rápido que pude precipitándome vertiginosamente hasta el tronco con ramas que tan bien conocía y que había visto cerca de la orilla. Allí me metí y raspé mi lomo contra sus ramas tratando de desprenderme de aquella esencia. Por un momento, sentí que ya me había abandonado y nadé rápidamente hasta la poza del centro del río. Allí, pegado al fondo, pasé muchas horas sin moverme. Me dolía mucho el dorso, porque el objeto metálico me había hecho mucho daño. ¡No volvería a acercarme a uno de ellos nunca más!
Por la mañana descubrí que aquel objeto seguía en mi lomo. Ya no se movía ni tiraba de mí, ni me producía tanto dolor, pero tenía tantas molestias que me sacudía para que se desprendiera. Lo tuve durante varios días hasta que en unas sacudidas cayó de mi costado y desde entonces yace inerte, inactivo e indiferente en el sitio donde aún está. Me he acercado muchas veces, pero son los que se mueven los que me dan miedo y recelo, a los que tengo más desconfianza.
(Mi nieta, Alba, de siete años, consolidó los colores del dibujo.)Ahora siento con más fuerza la necesidad de salir de aquí. Tengo que encontrarme con los míos y siento que todos están aguas arriba.Tengo la sensación de que dentro de mi cuerpo hay algo que se está formando. ¿Será por eso por lo que no tengo ganas de comer? Tengo que irme. No voy a parar hasta que encuentre el camino que me lleve al lugar donde están los míos. Echo una última mirada a aquel objeto metálico y nado con todas mis fuerzas hacia delante en busca de mi destino.
Ahora las aguas son frías, bajas y alegres. Descubro muy cerca de la orilla algunas de mis congéneres y siento la necesidad de acercarme a ellos. Presiento hostilidad e inquietud por mi presencia. A mí me ocurre lo mismo, y en mi desasosiego trato de desalojar y expulsar de mi lado a dos de ellos, ya que advierto... no se qué, para mí son competidores. Me ha sido bastante fácil, porque yo soy mucho mayor que ellos, casi el doble. Así continuaré por el momento siendo el dueño de este territorio y no dejaré que nadie se acerque y me lo robe. ¿Por qué lo hago? Una hembra se acerca a mi lado y no me ha molestado, se parece mucho a mi hermana. No sé lo que habrá pasado con ella y la recuerdo con tristeza. Ahora deseo otra amiga y estoy muy cerca de su costado. Estaríamos prácticamente pegadas si no fuese porque ella da tremendos coletazos como si quisiera robarle la vida a esas piedras del fondo. Observo cómo se acerca hacia nosotros una trucha macho, pero mi mayor tamaño y fuerza le disuaden inmediatamente de su propósito y, tras una pequeña carrera en pos de él, vuelvo al lado de mi compañera que continúa imperturbable su labor, su trabajo.
Ha construido una pequeña depresión o cavidad entre las piedras y cascajos del fondo de las aguas bajas y cristalinas, donde se respira tan bien que dan ganas de quedarse para toda la vida.
Me doy cuenta de que mi compañera sufre unas extrañas convulsiones. Observo el caer de un montón de huevos al fondo de la cavidad que antes había construido. Yo, pegado a su costado… siento cómo se me escapa la vida envolviendo con un manto blanco los huevos que deja caer, y después ella los termina tapando con piedrecillas. Al instante, me dejo arrastrar río abajo y tengo la sensación de que todo este camino no es otro que el que nos lleva a la perpetuidad y que es la base de nuestra existencia.
Volveré al lugar de donde vine y, allí con mi experiencia y la confianza que me da el lugar que conozco, podré disfrutar de paz y tranquilidad.
Me esconderé de esos seres que caminan por la orilla. Ahora... tengo hambre.