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22 sept 2011

De nuevo Guy Roques nos deleita con sus narraciones.


ALASKA 2011



Texto y fotos: Guy Roques.


En mi segundo libro (Mosquero Andante, Tutor 2001) dedico un capítulo a mi primer viaje a Alaska en 1993 comentando vivencias y capturas que me dejaron, a pesar de la belleza del entorno y del encanto del viaje, un mal sabor de boca porque la mayoría de los salmones que pescábamos entonces venían robados:



....“Por eso se ven, de vez en cuando, salmones que navegan arrastrando hilos de colores y semejan, pobres desgraciados, acuáticos toros con banderillas. Me coloqué en la cola de una rasera con un escalón ancho, donde paraban sockeyes y algunos Kings antes de seguir subiendo. Me cansé de engancharlos de cualquier manera.” (Mosquero Andante p: 157)



            Por estas razones y algunas más no pensaba repetir el viaje pero cuando uno de mis amigos de Valladolid me invitó a acompañarle durante una semana  a finales de  este mes de julio 2011 mi espíritu de viajero impenitente se puso en marcha como un viejo reloj cuya cuerda está sin gastar todavía. Lo interesante del proyecto era que íbamos a pescar una zona que desconocía, al norte de Anchorage, alrededor de la ciudad de Talkeetna. Otra motivación profunda era probar la caña de dos manos que considero ideal para el salmón después de usar todos los modelos que cayeron entre mis manos, es una caña de 12 pies en cuatro tramos, montada especialmente para mí por uno de los mejores especialista españoles, mi amigo Roberto Coll de Valencia.



            Finalmente facturamos en Bilbao con destino a  Anchorage vía Frankfurt. El vuelo por el polo norte es más corto que el que transita por los Estados Unidos pero el cambio de horario es igual, 10 horas que se tragan bastante bien a la ida pero muy indigestas a la vuelta. Lo que en un principio no tenía bien claro era el número de participantes. Cuando organizo un viaje por mi cuenta me parece bien limitarse a 4 pescadores, 2 por coche. Pero en un viaje así organizado por una empresa nos encontramos 15 pescadores a repartir cada día por los ríos. Es demasiado a mi entender pero por suerte no hubo ningún problema entre nosotros.



Por regla general, caminando  o bajando en embarcación pescamos los tributarios del Sustina River que estaba sucio por el deshielo pero los afluentes eran de aguas limpias y bastante bajas. En la desembocadura del Wilow Creek había demasiada gente para mi gusto. De todos los sitios prospectados, mi preferencia fue para la desembocadura del Montana en el Sustina. El acceso se hace a través de un bosque. Me dieron un repelente para los osos pero lo perdí. Cuando vi la primera cagada me sentí un poco raro. Coincidimos con el remonte de los jorobados Pink y de los dientudos Chum muy agresivos y que entran en su gran mayoría a la mosca por la boca siendo el robo un accidente. Tienen una hermosa librea de rayas anchas, dientes que a veces cortan el hilo y sobre todo pelean como demonios con un  peso medio de 4 kilos. Los hay de 7 kilos y más. Estos salmones nos obsequiaron con grandes momentos de emoción. Tenían sus días para las moscas pero por regla general funcionaban mejor las pequeñas como para el salmón atlántico.



            Hubo momentos de tirar y sacar. Quise hacer una serie de experiencias para no sentirme atado a la codicia de la pesca. Es mi temperamento, cuando me harto de algo me canso enseguida. Me pasa lo mismo con las cosas y con ciertas personas. Hay hermosas excepciones. Tenía unas moscas azules con plumas de arrendajo que utilizo también en reservorio y por esa razón venían sin muerte. El resultado fue que todos los salmones que clavé se me soltaron en la pelea. En cuanto a los hilos probé primero un 0,25. Tuve varias roturas. El nailon que mejor aguantó fue un 0,33 encontrado de pura suerte en el río. Probé un nuevo montaje de hijuela en el que el ramal  se queda a 90º. Le até una mosca ligera. La segunda mosca venía en punta a unos 80 cm. Complicando el tema corté el hilo entre las 2 moscas para probar un nuevo nudo mío (tipo Duncan) que funciona muy bien, es superior al clásico “barril” y es fuerte aunque sus mejores resultados los da en gruesos diámetros, los de la primera parte de un bajo de línea por ejemplo. Como siempre no tenía las colas de rata adecuadas porque no soy de los que viajan con una maleta llena de carretes. Las Teeny 200 y 350 que tanto me hicieron falta en Canadá no salieron de su estuche. Pesqué casi siempre  con una sinking # 7 de hundimiento 3, convencido de que la mejor opción hubiese sido una intermedia del mismo tamaño, o mi especial línea para ahogadas pero las dos quedaron  en casa. Para tan poco tiempo  no me quise cargar.



            En esa semana pescamos gran cantidad de salmones Chum y algunos Silver. Muy pocos se fueron al ahumadero. Los compañeros que más pescaron fueron los que alternaron la mosca con la cucharilla y supieron insistir en ciertos sitios. Siempre pasa lo mismo en los remontes, hay zonas donde los salmones suelen parar algún tiempo antes de proseguir su misteriosos y casi invisible caminar hacia su destino. Pensándolo bien, a los humanos, aunque es de otra forma, nos pasa lo mismo !!! 


                                                                                                                        -- gR – Verano 2011

9 mar 2011

Almaraz, pescando voy, pescando Bass.

¿Debemos madrugar, Tasio? –Esta fue mi pregunta cuando mi hermano Anastasio y yo habíamos decidido salir por primera vez este año a pescar- A pescar con mosca.


Desde hace varios meses, no hemos efectuado ninguna salida. Quizá por el frio, quizá por razones de actividades afines y que no nos han permitido el tiempo necesario para poder ir. Puede que también sea porque hemos madurado ya lo suficiente, como para tomarnos esta afición con pensamientos de expertos y sepamos cuándo es la mejor ocasión o el mejor momento.

 (A cinco de marzo no se encuentran demasiados lugares con garantías para poder practicar.) No obstante, decidimos hacer una salida. Una excursión a algún lugar que nos ofreciese buenas expectativas o posibilidades de conseguir alguna captura. En definitiva, de pescar.

 No nos importaba mucho la especie, ya qué, lo que pretendíamos era salir de pesca y dejar la rutina acumulada tras el tiempo sin practicar nuestra más apasionada actividad. Mi hermano opinaba lo mismo que yo. El frío… es un problema importante, significativo, pero que no nos podía echar atrás.

 Más para el pez, que para quien los pretende apresar. ¿Qué especie apetecíamos pescar? Los lucios ya no son tan abundantes allí donde les acostumbrábamos a tentar (me decía Tasio) y podría resultarnos un tanto aburrido si las capturas se hiciesen desear. (Aunque nuestra prioridad no es absolutamente la de pescar y pescar.) Los ciprínidos, por estas fechas están demasiado profundos e insondables para nuestras moscas, y era fácil que no hubiese capturas salvo en cuestión muy eventual. Aún nos quedan varias semanas para tentar las truchas.

La veda está por terminar. Otra posibilidad, era la de irnos allí donde las aguas estén ya aumentando su temperatura y por lo tanto, los peces, comiencen antes la (por nuestra parte) ansiada actividad. Tasio y yo estábamos de acuerdo. Había que buscar aguas que fueran más cálidas que en nuestra zona y lugares cercanos más habituales. –Nos iremos a Cáceres, Extremadura. Pescaremos el Bass- No hay duda, a mi hermano le encantaba ir al Bass en estos días fríos antes del comienzo de la primavera y, allí sería un buen lugar.


Hacía mucho tiempo, casi dos años, que no visitábamos la Central Nuclear de Almaraz. Allí se está, (en esta fría época) con la cara fresquita y el culo caliente. Los peces tienen allí todo el año plena actividad. Barbos, Carpas y Bass, abundan por sus cálidas y “tropicales” aguas.

 Donde es una verdadera gloria estar. Si no sientes el “yuyu” de tener tan cerca las torres de una central nuclear. Yo, personalmente creo que es bueno para el reuma y otras afecciones articulares, y lo demás, me tiene sin cuidado. No siento una especial discrepancia por este lugar y siempre es grato que dentro del agua no se esté tan mal. Con el vadeador tienes mucha orilla por pescar y la afluencia de pescadores (de los que solo vimos cuatro o cinco pescando a fondo) no es objeto de preocupación.


Son kilómetros de orilla para andar e intentar mover algún pez con los señuelos que habíamos preparado para la ocasión. Soy de esos que montan las moscas para ese mismo día, y cada vez llevo nuevas las moscas que voy a utilizar. Me da igual la especie que sea.

Yo las vuelvo a montar. Es una ridícula manía, lo reconozco.

Llegamos al pueblo de Almaraz hacia las 09.00 h, decididos a comprar unos bocadillos en la gasolinera que hay en la subida de la salida del pueblo y tomarnos un café calentito, pues la mañana lo pedía.

Conocíamos el lugar en que otras veces habíamos pescado e hicimos por éste. Allí llegados nos acordamos de nuestro amigos que hoy no nos pudieron acompañar. Javier y César, habituales en nuestras jornadas de pesca y acostumbrados a pescar a la par, dos a dos.

Puestos los vadeadores y entrados en el agua por el lugar escogido y que nos pareció el más idóneo para comenzar, nuestro gesto y expresión fueron al unísono. ¡¡¡Qué calentita está!!! Abrimos nuestras cajas y Tasio se fijó en uno de mis señuelos con forma de rana de color negro. –Pásame una de esas que lo voy a intentar– Vale, yo pondré el mismo y según los resultados iremos cambiando. Éstos no se hicieron esperar y a los pocos lances ya habíamos conseguido los dos alguna captura y así continuamos con el mismo señuelo cosechando una tras otra, Bass tras Bass. La mayoría de pequeño tamaño, pero muy combativos.

 Hubo alguno que superó los treinta centímetros y los 0.700 kgm. De peso. (Claro, esto a ojos de buen mosquero) Pero las piezas clave aún estaban por llegar. Tras unos minutos en que la inactividad se había vuelto monótona y cambiado algún señuelo, llegamos a un lugar en el que había bastante vegetación y palos de cercados sumergidos. Lugar sin duda que nos pareció nos ofrecería alguna pieza de importancia. En ese momento yo llevaba puesto un Popper muy bonito, de colores amarillos y naranjas, que había confeccionado con mucho mimo y que me había proporcionado un par de capturas, aunque de pequeño tamaño. Tasio continuaba con su rana negra y ya había sacado un Bass muy majo de muy cerca del kg. De peso. Estaba pletórico con todas las capturas que había y habíamos realizado (más de veinte, sin lugar a dudas) y estábamos dando las últimas antes de decidirnos terminar esta jornada de pesca. Resolví cambiar el señuelo por la susodicha rana e intentar los últimos lances con ella, despidiéndome así de este magnífico lugar sus orillas, sus maravillosas plantas con flores aún sin haber llegado la primavera.

Una especie de orquídea (Ophrys Tenthredinifera) me llamó la atención y le hice unas fotos para el recuerdo. Muchas veces no vemos lo maravilloso que puede ser un lugar, las cosas bonitas que se esconden, que nos pasan desapercibidas y que también es pescar.

Pero vuelvo al relato. Puesto de nuevo el señuelo de foam negro, con plumas negras y patas de tiras de goma negras, jaspeadas de amarillo, ojos móviles saltones, que según Tasio, son los que más llaman la atención hacia él de estos depredadores. Me propuse hacer el lance hasta aquel agujero entre la vegetación de espadaña. Habría unos diez metros, y estos señuelos de poco peso se lanzan bien y sin dificultad.


 Acostumbro (una vez caído en el agua) a darle pequeños tirones de unos centímetros cada vez para animar al pez a picar. En esta ocasión no sé si llegué a darle dos o tres. Salió fuera de la superficie como un misil, llevándose el señuelo en su boca tan dentro que no se le veía asomar. Los saltos que daba eran espectaculares y las alabanzas de mi hermano hacia aquel hermoso pez… os las podéis imaginar. Las fotos con la pieza dan fe de la que es un hermoso ejemplar. (Que volvió después de la corta sesión fotográfica a su medio para que alguien más lo pueda volver a capturar.)


Los que siguieron después, fueron otros dos más también muy bonitos, pero decidimos terminar con este buen sabor de boca dándonos por satisfechos y regresando al lugar de donde habíamos partido y que nos quedaba a cierta distancia, ya que habíamos andado cerca de tres km desde donde habíamos comenzado.


Volvimos por un sendero vinculado a la orilla del pantano. La conversación es la que se puede esperar de dos pescadores satisfechos que regresan orgullosos y concienciados, sensibilizados con el entorno y de que no son los mejores pescadores del mundo, ni siquiera del lugar, pero qué bien sabemos pescar.




Paco Redondo.





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1 ene 2010

Feliz 2010

Que esta imagen de paz os traiga a todos bellos recuerdos...




Y que se vuelva a repetir en el nuevo año que comienza con la esperanza de poder volver a estar ahí, en el río, junto a un amigo.